Andalucía. s.XVI-XVII-XVIII-XX
En la Comunidad andaluza, el retablo fingido debe entenderse no como un fenómeno aislado, sino como parte de la tradición artística española que, desde los núcleos de Castilla y León, con ejemplos como los de Valladolid y Zamora, ya utilizaba la pintura mural como una alternativa al retablo de bulto.Un punto de partida es el retablo mural de la Magdalena en la parroquia del mismo nombre de Cala (1521). Esta obra de Pedro López, demuestra la voluntad de organizar la pintura mural para que la veamos como un retablo completo, y lo consigue, al distribuir simétricamente mediante finas molduras, con sombras propias que simulan su relieve, la organización de calles y pisos para alojar los encasamientos con escenas narrativas sobre la vida de María Magdalena en las que aparecen solados (no muy logrados) en perspectiva que tratan de dar profundidad. Un ejemplo que asociamos al inicio del siglo XVI.
Dos siglos después, es de destacar el retablo de “La Gloria de Dios sobre el pueblo de Israel” pintado en la pequeña capilla del Bautismo (1723) situada en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Es un retablo ligado a las intervenciones impulsadas por el obispo Marcelino Siuri y realizado por Pedro Ruiz Morán Moreno, que podemos definir ya como “fingido” al simular una estructura de ábside semicircular, con casquete gallonado y un cuerpo de tres calles articulado por columnas, entre las que destacan las salomónicas y todo ello bajo un entablamento que se mueve y da vida al conjunto.
En Granada, es relevante el retablo fingido (1618) de la Sala Profundis del Monasterio de la Cartuja, pintado por fray Juan Sánchez Cotán. En él, basa, fuste, capitel y entablamento que enmarcan el lienzo, están pintados en tonos grises que simulan avanzar hacia el espectador que cree ver una arquitectura “corpórea”, lograda gracias a la perspectiva, la luz y la verosimilitud de los materiales pintados. Sin olvidar los situados en las iglesias de San Miguel Bajo (1725) y de Santo Domingo (1750).
Y, ya en pleno siglo XVIII, y en Jerez de la Frontera encontramos los retablos del "Bautismo de San Agustín" y la "Aprobación de la Regla" del convento de Santa María de Gracia, fechados en 1776, que muestran en una ciudad donde la cultura del retablo es especialmente intensa, cómo estos retablos pintados a ambos lados del retablo mayor, simulan una volumetría parcialmente conseguida que se extiende por los muros allí donde era posible pintar.
Frente a estos núcleos principales, los casos documentados en Jaén con la labor de Juan Almagro López y Manuel Serrano Cuesta de mediados del s.XX en Huelma, Begíjar e Higuera de Calatrava demuestran que la tradición del retablo pintado se mantuvo viva como una solución digna para la reconstrucción del patrimonio tras la Guerra Civil, validando la técnica del ilusionismo hasta bien entrado el siglo XX.
Las técnicas pictóricas empleadas por los artistas son variadas, desde un temple graso combinado con decoración de dorado al agua en frisos y chambranas, como en el retablo de Cala, pasando por un temple magro en Córdoba, hasta pinturas al óleo aplicadas directamente sobre el paramento mural o sobre un lienzo adherido al mismo, como en Jerez o en Jaén